Texto y collage por Maia Koenig

“La primera preocupación de toda música es destruir la indiferencia en el oír, la indolencia en la sensitividad, para crear ese momento de solución al que llamamos poesía” — Lucia Dlugoszewski.

A raíz del último encuentro online, surgieron interrogantes relacionados a, por ejemplo: ¿Por qué escuchar música experimental? Las aristas que circulan, entonces, son: Cómo atraer más público?; Cómo hacer conocer las experiencias sonoras?; Qué le sucede a las personas que escuchan esta No-música?; Desde dónde escuchamos?; ¿Cuáles son los ejes en común que proponen este tipo de experiencias?

La escucha experimental no ofrece respuestas cerradas: habilita procesos.

Dentro del grupo musicaexperimental.ar, supimos debatir y algunas explicaciones encontramos, a saber:

En un mundo saturado por el ruido cotidiano y el consumo musical estandarizado, escuchar música experimental es un acto de apertura, resistencia y curiosidad. 

En la época en que el predominio es la imagen y la cultura del “entretenimiento”, la escucha se distorsiona.

No se trata sólo de “oír sonidos raros”, sino de permitir que lo inesperado nos mueva, la incomodidad es fértil, porque obliga a repensar lo que entendemos por música y, en última instancia, por realidad. 

Es un ejercicio de presencia: invita a romper la pasividad del mainstream y a descubrir nuevas formas de sensibilidad, exponer al cerebro acostumbrado a cierto tipo de frecuencias, nos saca de la zona de confort sónico. 

Habitar nuevas frecuencias como acto de una desobediencia de la escucha, requiere dedicación y tiempo.

El silencio también apareció como tema central. No como ausencia, sino como materia activa. 

El miedo al silencio es sociocultural, está asociado a la prohibición, a la soledad, algo está pasando que quieren callar el silencio. 

Porque el escucharse a unx mismx, habilita a oír el sonido interno, a través de la meditación, una escucha que nunca deja de ser explorada, es un tiempo sin tiempo. Cerrar los ojos y dejarse llevar, es primal, algo natural del ser humano, como una manera de respirar, una primera necesidad. La no acción. El silencio es el único fenómeno que no se puede “hacer”, más que, simplemente, dejarlo ser.

Entender esa necesidad por lo desconocido.

Predisponer la escucha y escuchar es una forma de “afecto”, la filosofía del sonido como familia y en compañía del silencio destruir la indiferencia.


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